Link to Self

3–4 minutos

Felicidad, libertad, autorrealización, crecimiento espiritual, todos fueron conceptos que conocí desde muy joven, me llamaban la atención, me atraían, pero siempre fueron tan etéreos que solamente los dejaba pasar. Y con ellos fue pasando el tiempo y las lecciones, dolores y enfermedades fueron llegando y acumulándose.

En el punto más álgido de dolor recuerdo despertarme una mañana sin energía, con una tristeza profunda y con mucho dolor. Sólo cerré los ojos de nuevo y de repente sentí palpitar mi corazón, allá funcionando, como si nada en el mundo estuviera pasando… Como si todas esas emociones, pensamientos, dramas por los que estaba atravesando, simplemente no existieran. Solo éramos el palpitar de mi corazón y mi Conciencia. Esa rayita de Conciencia me llevó a preguntarme ¿cómo se llama eso? por qué suena? Eso que está tan enterrado, que trasciende todo dolor físico, emocional, toda tristeza y enfermedad, me enseñó que eso que palpitaba se llama Propósito.

¿Propósito?!

Si aún estaba viva algo tendría que hacer, aunque no tenía la menor idea de qué. Con el paso de los días esa realización me dio sentido y dirección, motivación para levantarme cada día y procurar resolver, tomar decisiones, aprender y sanarme en todos los niveles. Ese día hice un enlace (link) con mi Verdadero Ser. Conecté con la esencia auténtica más allá de mi ego, de todas las expectativas que tenía, de todos los personajes sociales y máscaras que hubiera utilizado en la vida.

Y no, no hablo de Dios aunque muchos utilicen esa palabra casi como una muletilla en sus discursos. Hablo de hacer link con el ser (Link to Self), el que nos permite buscar la coherencia entre pensamientos, sentimientos y acciones, que nos lleva a ser más conscientes de la majestuosidad del Ser que somos, que nos permite alcanzar un crecimiento espiritual auténtico.

Más adelante en el camino comprendí que muchos han denominado a esas experiencias «La noche oscura del alma». Lo supe años más tarde. Luego les contaré sobre eso.

Ese día dí el SÍ. Si eso que físicamente le llaman corazón seguía latiendo por un propósito, quería saber de qué se trataba. Elegí dejarme guiar. Porque todo lo que había hecho por voluntad propia parecía equivocado en ese momento.

Dí el SÍ a mi Ser y mi gratitud por haberme contactado aunque mi personalidad tuvo que llegar al último apesadumbrado estado para poder conectar y hacer ese link.

Luego del SÍ comenzaron a aparecer los maestros: frases, libros, páginas web, personas, rituales, médicos, rutinas, todo lo que fue necesario para que ese link con mi Ser no fuera solamente una anécdota sino que se convirtiera en una vivencia permanente.

A partir de ese momento mi tarea se concentró en buscar cómo escapar de la conciencia ordinaria de los sentidos y todos los condicionamientos y creaciones erróneas en mi vida. Debí identificarlos uno a uno, creencias, patrones de pensamiento, emociones y sus raíces, ir al pasado repetidamente pero no a manera de simple repaso sino con la intención de identificar de qué manera había creado todos los condicionamientos y toda la irrealidad en mi vida, en mis cuerpos, en mis relaciones.

Aprendí sobre la transmutación, un concepto que había escuchado pero me parecía enredado desde su palabra hasta la viabilidad de «convertir los metales en oro», la verdad no entendía nada de eso, hasta que entraron en el escenario de mis creaciones los Maestros de Sabiduría, conocidos también como Maestros Ascendidos, de quienes he aprendido que la transmutación es posible, como poder transformador que nos libera del control, consciente o inconsciente, de cualquier persona, situación o cosa que no sea nuestra bendita divinidad, la Presencia YO SOY, o la realidad eterna de nuestra existencia individual.