
¿Qué pensar cuando no tienes nada en qué pensar?
La vida pasa rápidamente. Pasó el colegio, la universidad, varios trabajos, amantes, amigos y experiencias. Una vida llena de historias, una tras otra, encajadas cronológicamente. Historias, personajes, escenarios y dramas que no faltaron.
Cuando llegó el momento, parte de los personajes desaparecieron de la escena y un dolor tras otro fueron invadiendo mi ser (en minúscula, para no confundirlo con el Ser real).
Apareció entonces ese gran maestro llamado dolor, en su punto más intenso. Pero en el fondo de mi ser había una conexión con un Ser mayor, mucho más sabio, amoroso y poderoso, que aparecía en las horas más oscuras y me invitaba a ver siempre mas allá, a sobre-pensar las cosas que pasaban, a buscar explicaciones que nadie pedía y que además nadie tenía!
Un día no pude más … decidí rendirme ante el dolor. Y sucedió lo único que puede suceder: mi mente y mi ego se fueron rindiendo, fundiéndose por completo en el Ser Infinito y poco a poco he ido encontrando más y más momentos de no pensar, de sólo Ser.
En esos espacios de no pensar, no hacer, me pregunté entonces qué sentido tiene estar acá? La respuesta fue inmediata: Pensar en servir a los demás, en la apariencia de esos «otros» que están en el mismo juego de la vida.
Acompañar a otros en la gestión de su dolor, en afrontar sus lecciones de vida para poder realizar el plan único de todo ser humano: Servir a los demás.
Así que aquí estoy escribiendo para quien quiera leer y además comprender. Para las personas que necesitan dar un paso más allá de lo que creen ser, para encontrarse con su verdadera esencia (entenderán los que estén en esa búsqueda). Para ellos es este blog.
